Mi amiga Mary me trajo este aparador desde una aldea de Coruña, perteneció a sus padres y cuenta aproximadamente con 80 años. El cristal central teóricamente tenía que llevar las iniciales del matrimonio, pero se equivocaron y pusieron sólo las del padre.
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Es un mueble muy macizo, en castaño, y aunque se encuentra algo desencolado está muy bien construido. Sólo me llama la atención una chapa puesta a modo de parche en el centro del módulo inferior y que no le encuentro ningún sentido.
El sobre del aparador se forma de dos tablones de castaño que han mermado con el tiempo y casi cabía un dedo. Aunque han combado ligeramente hacia el centro por los movimientos de la madera, los vamos a conservar por que llevan escrita la historia del mueble. Eso si, levanté el de atrás para situarlo más arrimado al delantero y reducir la separación al mínimo, el error así se va hacia la pared y después quedará oculto por el cuerpo superior.
Lo que si sustituí fue la balda, la base y la tapa de cuerpo superior, por que no sólo estaban vencidos, sino que se encontraban tan frágiles que dificilmente podían cumplir su función.
Al retirar el acabado nos encontramos con una madera bastante sana y bonita, que no se había oscurecido demasiado a pesar de los años. La verdad es que se nota mucha diferencia de trabajar madera maciza a hacerlo con chapas.
Se trató la carcoma .
Luego le di una mano de tinte para reavivar el tono y la terminé con goma laca a muñequilla y cera.
Las trasera y los cajones se forraron con el famoso ya, papel de florecillas pequeñas, que dicho sea de paso se compró en origen para este mueble pero a final dió mucho de si.
Los tiradores mantuvimos los originales que eran preciosos, así que les dimos una limpieza a conciencia.
La chapa que no me convencía nada y estaba carcomida, se sustituyó por un cristal, le coloqué unos junquillos similares a los de la vitrina y creo que ha ganado bastante.
El interior también se forro para ganar luz y que resultara curioso.
El sobre también mejoró al juntar las tablas. Las manchas se eliminaron una a una procurando mantener la pátina. La madera estaba tan bonita que en la medida de lo posible no se metió la lija, retirando el viejo acabado con lana de acero y alcohol.
El espejo lo quería nuevo, además el original no es que estuviera picado ,con pátina , es que al limpiarlo se deshacía completamente.
Ahora sólo espero que haya quedado del gusto de mi amiga y que pronto lo pueda disfrutar en su comedor.