Es una sencilla transformación que me encanta por que aunque ahora puede pasar a formar parte de un vestidor, o descansar sobre otro mueble, incluso sería perfecto para probar zapatos en un comercio, sigue manteniendo su esencia de cabecero de cama, no se ha serrado nada, mantiene sus patitas, tan sólo he cegado las cajas donde se anclaban los largueros para obtener una pieza más limpia.
Al barniz le he dado un refresco pero conservando su color original, y le he colocado un espejo.
Ahora aún siendo una pieza de formas muy clásicas tiene un toque moderno através de la descontextualización de su uso. (Y ya tiene dueños lejos del fuego).


